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jueves, 15 de noviembre de 2007

POR NATURALEZA

Si alguien te mira te gusto, espero que esta historia te guste aún más:
Aquí les presento el diario de vida de un asesino en serie:
Esto es muy dificil para mi. Es el primer trabajo que realizo y me cuesta pensar en que una persona deba morir para que el animal sediento de sangre se tranquilice dentro de mi. Preparo las herramientas que usaré para cometer mi primer homicidio. Mi victima se llama Cristina Santander. Una mujer de negocios, soltera y de un gran carisma. La ejecutiva tiene alrededor de treinta años, la conozco lo suficiente para decir que ella siempre ha sido valiente pero existe algo a lo que le tiene terror y eso es justamente lo que le haré. Todo está planificado. Nada puede suceder al azar. Así que subo al automóvil y enciendo el motor, luego piso el acelerador. Tengo una cita y no puedo hacer esperar a mi chica. Antes tendría horror de lo que pienso hacer, peroesto es vital. Su departamento queda cerca de mi vecindario. Por lo tanto ya estoy frente al edificio que alberga a mi presa. El minuto de actuar ha empezado y no tengo la intencion de detenerlo. Empujo la puerta principal e ingreso al vestibulo. Su habitación es la 204, un numero que tengo presente en todo momento. Llevo la caja de herramientas en mi mano izquierda. La gente que cruza su mirada con la mia ni siquiera se imagina que sere un asesino en breve tiempo. Aunque he estado practicando con animales pero se que no es la misma sensacion. Dejo registrada mi entrada en recepcion y me dirijo al ascensor. Una descarga de placer recorre mis venas. El elevador hace su ascenso y ya estoy parado frente al 204. Aquí no hay nadie que esté espiando, así que medito mi plan macabro. La sangre se me hiela de solo pensarlo. Aquí vamos...
Llamo a al puerta, en la mirilla un ojo me inspecciona detenidamente y yo espero paciente a que abra.
Luego veo su rostroy su cuerpo esbeltoacercandose hacia mi. Me mira con una sonrisa.
-Te estaba esperando. Las cañerias de mi lavaplatos son un desastre.
-Enseguida lo arreglo-le digo haciendo un gesto con mi gorra de gásfiter. El supuesto empleo que tengo.
Ingreso con calma a su departamento. Es de lo más lujoso. Ella me indica donde esta la cocina. Y yo empiezo co0n mi labor.
Dejó mi chaqueta en el respaldo de una silla y me quedo con la poleramusculosa que llevo puesta. Reviso con sumo cuidado las tuberias y de paso miro cómo Cristina observa los músculos de mis brazos. La tentación parece tenerla entre la espada y la pared.
-No hay nada. Las cañerias estan perfectas-dije con ceryteza.
-Era justo lo que pensaba-dijo con una mirada lujuriosa.
La situación se precipitaba
-¿Cómo?-Sabia bien lo que quería.
-Lo hice a proposito para verte.
-Entonces no tengonada mas que hacer aqui.
Tomé mis cosas y me fui a la salida.
-¡Espera!-gritó.
Me volvi.
-¿Qué pasa?
Ella se desabrochó la blusa.
-Es que desde el primer momento en que te conocí, supe que eras el hombre que estaba buscando desde hace tiempo.
Trate de recordar: Hace un mes en un bar que frecuento a diario, vi a Cristina bebiendo y llorando sin consuelo. Habia terminado una relación que duro años con un desgraciado que la abandono con otra mujer según me conto. Yo me habia sentado a su lado y la atraccion se produjo de inmediato. Eso reflejaban sus ojos. Conversamos toda la noche sobre nuestras vidas y de esa forma nos conocimos. Ahora yo estaba entre la espada y la pared. Cristina se acercó y cogio mi mano.
-¿Qué dices guapo?
Aprete con fuerza la caja.
-No creo que sea correcto.
Ella tocó mis labios.
-¿No? Yo creo que sí. No niegues el deseo que hay en ti.
La observe con una sonrisa.
-Te equivocas.
-No te resistas, se que quieres hacerlo.-dijo besandome en la boca.
Segundos despues, estabamos desnudos sobre la alfombra haciendo el amor. Había tomado la precaución de ponerme in preservativoantes del coito.Asi me ahorraba problemas futuros. Nuestros cuerpos estaban unidos en una mutua excitación que nos llevaba al extasis. Cuando llegamos al climax, ella se quedo exhausta y no se fijo en lo que saqué de entre la caja de herramientas. Cubrí su boca con mi mano enguantada y empece a golpearla en el rostro con una llave francesa. Su cara se estaba desfigurando a tal grado que ya era irreconocible. Apesar de todo, estaba consciente y en sus ojos manchados en sangra se veía el horror de la muerte. Se oía de sus entrañas gritos apagados. Tal vez un por qué o un cómo pudiste, pero daba igual ya que no sobreviviría.
-Te arriesgaste demasiado, muchacha-susurre con frialdad.
Por ahora mi deseo estaba aplacado, pero no duraría por micho tiempo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

buena, cuando el otro capitulo?